Paulo Freire y la Teoria de la Acción Dialógica

Por Alice Socorro Peña Maldonado

Imagen7El diálogo, como fenómeno humano, se nos revela la palabra; la cual se puede decir que es el diálogo mismo. Es el encuentro amoroso de los seres humanos, que mediatizados por el mundo, lo pronuncian, esto es lo transforman y, transformándolo, lo humanizan, para la humanización de todos (Freire, 1973, p. 46). El diálogo tiene dos dimensiones –acción y reflexión- y su derivación es la praxis, que es la palabra verdadera que transforma el mundo. Una no es sin la otra. Si se elimina la acción, la palabrería y el verbalismo ocuparían su lugar. Si se sacrifica la reflexión, el activismo la reemplazaría. En ambos casos no es posible el diálogo. “Mediante el verbalismo alienado y el activismo alienante no se puede esperar la denuncia del mundo, dado que no hay denuncia sin compromiso de transformación ni compromiso sin acción” (Freire, 2000, p.99).

Pues ¿qué es el diálogo? Es una relación horizontal de A más B. Nace de una matriz crítica y genera crítica. Se nutre del amor, de la humildad, de la esperanza, de la confianza. Por eso sólo el diálogo comunica. Y cuando los polos del diálogo se ligan así, con amor, esperanza y fe uno en el otro, se hacen críticos en la búsqueda de algo. Se crea, entonces, “una relación de simpatía entre ambos, donde quienes dialogan lo hacen sobre algo” (Freire, 1998, p.104)

Freire al circunscribirse en el pensamiento Jasperiano, asume que el diálogo es, por tanto, el camino indispensable, no solamente en las cuestiones vitales para el orden político sino para todo nuestro ser. El diálogo sólo tiene estímulo y significado en virtud de la creencia en el hombre y en sus posibilidades, la creencia de que solamente llega a ser él mismo cuando los demás lleguen a ser ellos mismos. “El sujeto que se abre al mundo y a los otros inaugura con su gesto la relación dialógica en que se confirma como inquietud y curiosidad, como inconclusión en permanente movimiento en la historia” (Freire, 1999, p.130).

Como opuesto al diálogo se encuentra el antidiálogo que implica una relación vertical A sobre B. Es acrítico y no genera crítica, exactamente porque es desamoroso y autosuficiente. Quiebra una relación de simpatía. El antidiálogo no comunica, hace comunicados, invade, manipula e impone consignas.

En una experiencia existencial que se constituye dentro de las fronteras del antidiálogo es comprensible reconocer que existen razones que explican el rechazo al diálogo. Dentro del orden histórico-sociológico, cultural y estructural por parte de quienes ostentan el poder, rechazan el diálogo por considerar que saben más que sus interlocutores, es decir, se patrocinan como “sede del saber, y en ese sentido, el otro, a quien consideran como la sede de la ignorancia le corresponde escuchar y obedecer” (Freire, 1998, p.25).  Por tanto, el mutismo y el silencio por parte de quienes no poseen el poder no es fruto de la casualidad. Su desconfianza hacia sí mismos al haber introyectado el mito de la ignorancia absoluta, le hace preferir no dialogar.

Un ejemplo de esta realidad se encuentra reflejado en las conversaciones de padres a hijos, pasando por los centros educativos e instituciones públicas y privadas donde la transferencia del saber y de la tecnología resulta un hecho cotidiano y, aunque existe conciencia de las implicaciones de ello, se asume pasivamente esta práctica. Pese a esto, es precisamente la familia, los centros educativos, el trabajo, donde el diálogo como encuentro de sujetos interlocutores, que buscan la significación de los significados, pueden albergar espacios idóneos para correr el riesgo de la aventura dialógica (Freire, 1998, p.61-77).

3.1. Características de la teoría de la Acción Dialógica

Entre los elementos constitutivos de la Teoría de la Acción Dialógica tenemos la colaboración, la unión, la organización y la síntesis cultural.

La colaboración, como característica de la acción dialógica, la cual se da sólo entre sujetos, aunque en niveles distintos de función y por lo tanto de responsabilidad, sólo puede realizarse en la comunicación. Diálogo que lleva a la adhesión, como coincidencia libre de opciones. En tanto la conquista implica un sujeto que, conquistando al otro, lo transforma en objeto, en la acción dialógica los sujetos se encuentran para la transformación del mundo en colaboración. El “yo” dialógico sabe que el “tú” es quien lo constituye. Donde ambos pasan a ser, en la dialéctica de esas relaciones constitutivas, dos tú que se hacen dos yo. No existen, por tanto, un dominante y un dominado. En lugar de esto, hay sujetos que se encuentran para la pronunciación del mundo, para su transformación.

Los sujetos se vuelcan sobre la realidad que problematizada, los desafía. La respuesta a los desafíos de esta realidad problematizada es ya la acción de los sujetos dialógicos sobre ella, para transformarla. En esta colaboración los sujetos transforman el mundo para la liberación de los seres humanos, lo que exige el descubrimiento del mundo y de sí mismos, desmitificándolos. En este descubrimiento se hace posible la adhesión y la confianza a los demás en una visión y proyecto común. Esta adhesión se revela en una comunión y comunicación permanentes.

El esfuerzo de unión de los oprimidos entre sí y de éstos con el liderazgo para lograr la liberación es la segunda característica de la teoría de la acción dialógica. La contradicción antagónica que se da entre los opresores y los oprimidos es una condición para que se dé la organización. Mientras que para los opresores su unidad implica la división de las gentes, para los que buscan la liberación su unidad responde a la existente entre éstos y sus lideres.

Esta unidad es posible alterando los mecanismos de la división, como los mitos, los slogans y la ideología de opresión, que separan al sujeto de su realidad, pero también lo cognoscitivo de lo afectivo y de lo activo. El primer paso entonces es la desmitificación de la realidad y reconocer en sí mismo su adherencia a la ideología para luego ejercer un acto de adhesión a la praxis verdadera de transformación de una realidad injusta. 

Esta unidad de los oprimidos es relación solidaria entre sí, que entraña una conciencia de sí mismos y de clase. Reconocimiento que se proyecta como seres transformadores de la realidad a través de una acción creadora.

A fin de que los oprimidos se unan entre sí, es necesario romper con el carácter mágico y mítico de la vida, a través del cual se encuentran ligados al mundo de la opresión. Esta acción está ligada con la acción cultural que se da en la experiencia histórica y existencial (Freire, 2000, p.222-227).

La organización como producto de la unidad de las masas es el esfuerzo de liberación en una tarea común con los lideres: instaurar el aprendizaje de la pronunciación del mundo y su transformación, lenguaje y acción que no la dice y hace sólo el líder sino con el pueblo. En esta acción, la forma y el contenido lo determina el contexto histórico.

Esta organización va a permitir el aprendizaje de la autoridad y la libertad verdadera, a través de la transformación de la realidad que media entre ellos. La organización lleva consigo no sólo el testimonio arriesgado y amoroso de los líderes, sino disciplina, orden, decisión, objetivos, tareas que cumplir y cuentas que rendir.

La autoridad como elemento clave de la organización niega tanto el autoritarismo como el desenfreno y la permisividad y reconoce la libertad a través del acto de delegar.

Como última característica de la Teoría de la acción dialógica tiene la síntesis cultural la cual surge de toda acción cultural sistematizada y deliberada, que incide en la estructura social. Compuesta de fines y métodos la acción cultural puede estar al servicio de la dominación o de la liberación; ambas, dialécticamente antagónicas, se procesan en la estructura social a través de la permanencia y el cambio. “La acción cultural dialógica busca ante todo superar las contradicciones antagónicas para que resulte la liberación de los seres humanos” (Freire, 2000, p.233). Estos a su vez se transforman en actores de la acción que ejercen sobre el mundo.

Dos momentos que en forma simultánea intervienen en la acción cultural son el de la investigación temática y el de la acción como síntesis cultural. En cuanto a la investigación temática, se refiere a la temática significativa del pueblo, a partir de cuyo conocimiento es posible la organización  del contenido programático para el desarrollo de cualquier acción con él. La contradicción existente entre la visión del mundo del liderazgo y la del pueblo se resuelve en la medida del enriquecimiento y aporte mutuo. La temática refleja la visión del mundo que va a encontrarse en el pueblo, que está también en los lideres, implícita o explícitamente, en sus anhelos, dudas, esperanzas, la percepción de sí mismos y del opresor, sus creencias, sus fatalismos, sus reacciones. Los lideres ante esta visión pueden conjuntamente actuar para satisfacer la demanda percibida, no sin antes problematizar lo necesario para ir a las causas que lo originan y no quedando en dar respuestas que no encarnan la solución definitiva.

Con el objeto de comprender los aspectos fundamentales de la teoría la Acción dialógica de Freire observe el siguiente esquema.

TEORÍA DE LA ACCIÓN DIALÓGICA DE PAULO FREIRE

Peña Alice, 2004

 

 

 

 

 

 

 

 

 

About these ads

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s